jueves, 21 de mayo de 2015

Los dos hoteles Francfort, de David Leavitt


Sin ser uno de esos cada vez más abundantes libros protagonizados por escritores ni de aquellos otros en los que el autor introduce una novela dentro de la novela, en Los dos hoteles Francfort DavidLeavitt presenta hasta cuatro escritores diferentes y en la parte final desliza un completo resumen de una novela policíaca (que, por cierto, dan ganas de leer). Pero, en este caso sí, los escritores podrían haber tenido cualquier otro oficio, de hecho este es secundario: los hechos, por encima de la creación, son los que importan.

Y es que la mayor habilidad del autor en este libro es construir una historia muy “literaria” (Lisboa en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, exiliados y posibles espías, relaciones sentimentales muy complejas) y que a la vez todo suene natural, sincero y creíble. Por ejemplo, la descripción de la ciudad puede parecer un decorado teatral, la típica ciudad histórica europea vista con los ojos inexpertos de un norteamericano, pero los detalles y el sabor (más o menos recreado) revelan una autenticidad no impostada.




A poco que se conozca la obra de Leavitt, su voz será inmediatamente reconocible. Su capacidad para introducirse en los pliegues mentales y morales de sus personajes, para sumergirlos en sus contradicciones y descubrir las múltiples personas que viven en cada ser humano caracterizan una escritura adulta y desprejuiciada que enfrenta el sentido de la responsabilidad y los deseos del corazón, con unas consecuencias trágicas, y en tal sentido inevitables.

Desde el principio de Los dos hoteles Francfort Leavitt despliega una madurez narrativa que se manifiesta en su capacidad para sugerir mucho más de lo que cuenta, a la vez que construye una armazón argumental sin fisuras, en la que incluso las casualidades más increíbles se aceptan sin chirridos. También es cierto que en algún momento la historia parece detenerse, pero en la parte final Leavitt recupera el pulso y, al igual que su protagonista, asume todas las responsabilidades de sus acciones: ya no hay vuelta atrás.

Editorial Anagrama

Traducción de Jesús Zulaika

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