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martes, 2 de junio de 2015

Berlín Vintage, de Óscar M. Prieto


En apariencia el argumento de Berlín Vintage podría parecer el de cualquier bestseller cosmopolita actual: un cuadro perdido, una investigación que llevará al protagonista por toda Europa, personajes misteriosos y claves ocultas a la espera de ser descifradas. Pero en realidad el libro de Óscar M. Prieto es el antibestseller por excelencia: en lugar de acumular espectacularidad y efervescencia, el autor prefiere los momentos muertos, situar la médula de la narración en las escenas en las que no sucede nada, dejarse llevar por la reflexión antes que por acción.

Aldous, el esquivo protagonista de la novela, tiene un objetivo tan claro como difusa es su realización: ver todos los cuadros que se conservan de Caravaggio. Y una misión para la que se mezclará con personajes aún más elusivos que él: dar con una obra maestra del pintor italiano que desde finales de la Segunda Guerra Mundial se ha dado por pérdida. Casi dejándose llevar, viviendo experiencias que parecen sacadas de una novela de la Guerra Fría como sin darse cuenta, Aldous completará su tarea de la manera más anticlimática que se pueda imaginar: con total naturalidad.




Los viajes de Aldous son más bien paseos, visitas a ciudades históricas por las que deambula siempre abierto a la sorpresa, en las que se sienta en terrazas o parques donde se sumerge en sus propios pensamientos cerrados y obsesivos, entre los que se encuentran una historia de amor apenas intuida y un proteico personaje que no sabe si le sigue o es seguido por él. Pero además de por Caravaggio, Aldous siente pasión por la Historia y la etimología, y cualquier encuentro inesperado, el detalle más nimio, que pasaría desapercibido a cualquier persona menos atenta, despierta en él una erudición que convierte Berlín Vintage en una historia de historias.

Aunque también es cierto que este afán meticuloso de Aldous, sobre todo al principio de la novela, no le pone las cosas fáciles al lector. Hay en Aldous algo de ese estilo pedantesco tipo Javier Marías que no lo hace nada simpático (por cierto, también tiene una sintaxis muy particular. Elegido al azar: “Cuarenta minutos todavía, de espera”). Pero este ensimismamiento da paso a la curiosidad, a la necesidad de saber más, de continuar el camino. Cuando parezca que la meta ya se ha alcanzado, Aldous se dará cuenta de que su barco acaba de partir.


Editorial Tropo

miércoles, 23 de julio de 2014

Cómo funciona la música, de David Byrne


Hay que tener cuidado a la hora de leer un libro escrito por una estrella del rock: su aura puede ser tan deslumbrante que el juicio se nuble. (Aunque algunos astros se empeñan en hacerse lo más antipáticos posible). La mitomanía del lector puede llevar a sobrevalorar la obra o a pasar por alto deficiencias que en un autor “normal” no se tolerarían. Pero, aún teniendo en cuenta estas precauciones, Cómo funciona la música nos sigue pareciendo un libro extraordinario y David Byrne se engrandece todavía más a nuestros ojos.

Byrne nos parece un gran tipo. En realidad, todo lo contrario a lo que se puede entender por “estrella del rock”. Es humilde, siempre abierto a nuevas propuestas, con una curiosidad innata por todo lo relacionado con la música. Es sabido su interés por las creaciones africanas o asiáticas, por todo lo que se salga de lo convencional, pero en absoluto es un esnob, uno de esos gourmets de la música que solo consideran digno de su atención lo más exótico y desconocido por las masas. Byrne no tiene reparos en admitir su predilección por cierto tipo de música comercial y reivindica el pop como el gran arte de nuestro tiempo, sin ningún tipo de complejos respecto a la música clásica.




Esta amplitud de miras se refleja en Cómo funciona la música. Su análisis abarca tantos campos que solo una persona como Byrne, que conoce el mundillo desde dentro y ha investigado las múltiples variantes de este arte puede sintetizar en un libro tanto conocimiento, y además sin ponerse abrumador ni didáctico. Byrne se apasiona por conocer los secretos de la música, por encontrar sus orígenes y aplicaciones prácticas; no se amedranta a la hora de detallar las entrañas del negocio musical ni sus implicaciones filosóficas. Para él la música está en el centro de la existencia, y tiene buenas pruebas para respaldar esta teoría.

Cómo funciona la música se divide en apartados semi-independientes en los que nos podemos encontrar de todo, desde un elíptico repaso por la propia carrera de Byrne hasta apuntes sobre las implicaciones científicas y sociales de la música. Byrne no evita polémicas, pero su punto de vista personal (hacia el que siempre admite discrepancias) se sostiene en las mejores referencias, de Sacks a Pinker, pasando por Ball o Ross. Y lo más importante, Cómo funciona la música es un libro que cumple las expectativas: al llegar al final comprendemos un poco mejor de qué va todo esto. Y queremos saber más.

Editorial Reservoir Books
Traducción de Marc Viaplana