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jueves, 22 de octubre de 2015

L'ecriture comme un couteau, de Annie Ernaux


Además de ser una de las más grandes escritoras de la actualidad (tal cual, sin restricciones), Annie Ernaux es también una de las autoras más destacadas del género que quizá mejor defina la literatura contemporánea, eso que se suele llamar novela autobiográfica, o autoficción, y del que ya hemos hablado en varias ocasiones. Por ello, nada más oportuno que L'ecriture comme un couteau (La escritura como un cuchillo), una larga entrevista (por email) entre la autora y Frédéric-Yves Jeannet en el que Ernaux describe con precisión y detalle su método (aunque ella rechace tal término) de escritura.

Aunque en principio habría algún reparo ante tal propuesta. Por una parte, si los libros de Ernaux son biográficos y su escritura tan limpia, L'ecriture comme un couteau podría aparecer como redundante: todo lo que tiene que decir ya está en sus propias obras. Por otro lado, entendida la entrevista como un manual para escritores o una guía para lectores, si Ernaux es tan personal y sus libros tan privados, poco se podría sacar en claro como enseñanza.




Pero estas objeciones pronto se diluyen. Porque gracias a L'ecriture comme un couteau podemos penetrar en el proceso de escritura de Ernaux, tan particular que confiesa que puede escribir unas páginas para no retomarlas hasta cinco años después, o que lleva un diario de escritura en el que plasma todas sus dudas hasta el momento mismo en el que se pone a redactar el libro, o su obsesión ya adivinada para encontrar el punto de despojamiento máximo, casi el grado cero de “literatura”.

El autor incipiente deseoso de aprovechar algunas lecciones también tendrá su recompensa. Ernaux es una guía inigualable que conduce a la propia comprensión, al entendimiento de que es en el propio interior, y no en la creación artificial, donde el escritor debe buscar si quiere llegar a alcanzar una escritura honrada y profunda. También el lector saldrá beneficiado al verse capacitado para penetrar de una manera más incisiva y completa en el mundo de Ernaux.

Frédéric-Yves Jeannet, novelista él mismo, confiesa estar estilísticamente en un universo totalmente diferente al de Ernaux, lo que no impide que se sienta fascinado por su pureza y los logros que la han llevado a convertirse en un referente indiscutible, pese a que en nuestro país parezca que nadie quiera enterarse. Aunque es poco probable, esperemos que L'ecriture comme un couteau acabe por se traducido y que ya no haya excusas para permanecer en la inopia.

Editorial Folio


martes, 25 de agosto de 2015

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez


Hay gente que tiene un punto ciego en lo que respecta a la poesía. Personas a las que les pones unos versos delante de los ojos y pueden entender cada palabra, pero que en realidad es como si estuvieran leyendo en un idioma totalmente desconocido. O una partitura sin saber solfeo. Sin embargo, hay algunos autores que les pueden ayudar a superar esta tara, aunque sea de manera limitada: Bécquer, Antonio Machado... O libros como Platero y yo, que aunque no pertenezcan estrictamente a este género (no tienen esa arbitraria división en versos ni la necesidad de rimar), son sin duda poesía.

Lo cierto es que el libro de Juan Ramón Jiménez está repleto de esos elementos que suelen llevar a confundir poesía con poesía. Niños, pájaros, flores... o lo que va del entusiasmo a la cursilería. Pero nadie mejor que Juan Ramón para establecer la diferencia. Nada de afectación, entrega plena. Sin lugares comunes, sorpresa a cada vuelta de página. Ni engolamiento ni pretenciosidad, naturalidad y efervescencia. Por eso se trata de una poesía tan accesible, porque no es artificiosa ni grandilocuente, sino cercana y amable.




Luego está lo de siempre: que si Platero y yo es un libro para niños. No. Al menos no exclusivamente, aunque por supuesto la obra maestra de Juan Ramón puede servir para intentar acabar con la fobia a la poesía en el mejor momento. Pero Platero y yo sí que es un libro infantil en el mejor sentido, el de la pureza. Dejando aparte los extremos (ingenuidad y cinismo), lo cierto es que al leer Platero y yo, con la predisposición justa para dejarse llevar, resplandece la inocencia, el descubrimiento del mundo con ojos limpios y la casi constante sensación de plenitud y gozo.

Sin entrar en análisis mil veces repetidos, la lectura madura de Platero y yo provoca un festín sensorial. La manera en la que se introducen los cambios de las estaciones, los personajes apenas esbozados pero de una fuerza palpitante, la naturaleza atrapada en palabras y después puesta en libertad a través de la evocación, el narrador feliz y sensible. Y, por supuesto, Platero. Que en un país como España, tan brutal y sanguinario en lo referente a los animales, Platero se haya convertido en un personaje tan querido y recordado no deja de tener mérito.


Alianza Editorial