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jueves, 12 de noviembre de 2015

Capturado, de Neil Cross


La ambición de todo escritor de thriller es mantener al lector pegado al libro, ansioso por pasar de página e inquieto por lo que pueda suceder a continuación. En este sentido, Capturado, con una progresión admirable, es todo un logro. Gracia a un ritmo imparable, Neil Cross logra hacer avanzar la acción en un crescendo de tensión que no deja tiempo para detenerse ni un momento a reflexionar.

Por otra parte, el argumento de Capturado no es demasiado original, de hecho recuerda mucho a la reciente película Prisioneros (posterior a la novela). Un posible enunciado argumental tampoco sería como para despertar grandes expectativas de innovación: un condenado a muerte sin nada que perder decide rendir cuentas con su pasado. Y sin embargo, Cross consigue que la falta de sorpresa juegue a su favor.




Porque lo que logra con esta historia es llevar el género a su esencia. Desprovisto de cualquier añadido superfluo, sin intentar disimular que su intención es ir al hueso, Cross firma una novela directa, a veces brutal, en la que anima al lector a dejarse llevar por la acelerada sucesión de acontecimientos sin plantearse cuestiones de verosimilitud, ni tan siquiera es importante la resolución de un enigma (aunque el autor no se priva de algún malévolo guiño).

Aunque es jugar con ventaja, hay que señalar que Cross es sobre todo conocido por sus guiones televisivos, en especial como creador de Luther. Eso hace inevitable pensar en Cautivos en términos audiovisuales. Los capítulos son muy cortos, casi como escenas, y la narración avanza a golpe de momentos culminantes seguidos de elipsis, sin desdeñar el uso de cliffhangers tan fastidiosos como efectivos. Sin posibilidad de una segunda temporada, Cautivos queda como una de esas miniseries británicas en las que todo funciona como un reloj.

Editorial Es Pop y Valdemar

Traducción de Óscar Palmer Yáñez

miércoles, 1 de octubre de 2014

El insólito peregrinaje de Harold Fry, de Rachel Joyce


El progreso del peregrino, de John Bunyan, es considerado uno de los grandes clásicos de la literatura inglesa, y pese a estar escrito en el siglo XVII y a que su contenido místico pueda parecer algo desfasado, sigue ejerciendo una enorme influencia en la literatura contemporánea (el Criticón, de Baltasar Gracián, quizá lo más parecido que tenemos en la literatura española, puede conservar su consideración de obra maestra, pero no creemos que mantenga su vigencia entre los autores actuales).

Si el influjo de la obra de Bunyan ya era perceptible en, por ejemplo, La espantosa intimidad de Maxwell Sim, en El insólito peregrinaje de Harold Fry es todavía más evidente. Pero aunque en la novela de Rachel Joyce hay trascendencia, y la autora no se esconda en la habitual ironía inglesa para tratar temas de la mayor importancia, no se trata de un libro de inspiración religiosa, ni tan siquiera de su sustituto moderno, el autoconocimiento y todo eso. El libro de Joyce es sumamente delicado, pudoroso (en esto sí totalmente inglés) a la hora de tratar cuestiones como el cáncer o la pérdida de seres queridos, situaciones que podrían llevar al sentimentalismo más pornográfico, pero que Joyce maneja con sensibilidad y tacto.




La estructura de la novela es clara y se podría cartografiar con la misma precisión que el mapa que guía a Harold. Como cualquier viaje, tiene su grandes momentos y otros de bajón, tarda un poco en arrancar, pero enseguida coge ritmo. También habrá rodeos y algún momento en el que parecerá que todo está perdido. Los encuentros con personajes de todo tipo mantendrán la misma tónica: algunos serán fascinantes, mientras que otros son simples estorbos que nos alegrará dejar atrás. Y, como en todo viaje que valga la pena, lo importante no será llegar a la meta, sino lo que se ha aprendido en el camino.

Al igual que el trayecto de Harold, la narración no es lineal, sino que conjuga varios tiempos, cada escena es como la pieza de un mosaico que poco a poco se va completando hasta cobrar sentido. Al mismo tiempo que sus protagonistas, el lector irá comprendiendo cómo se ha llegado hasta aquí, se explicará los motivos de tanta desazón y tristeza. Y, a través de este conocimiento, será capaz de alcanzar la reconciliación. No se trata de hacer sentir bien, sino de aceptar, perdonar y mirar hacia adelante.

Editorial Salamandra
Traducción de Rita da Costa