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viernes, 21 de agosto de 2015

Literatura española contemporánea, de G. Torrente Ballester


Que un libro de texto para bachilleres de los años 60 como Literatura española contemporánea no solo siga teniendo vigencia, sino que se lea con gusto y aprovechamiento es un suceso casi milagroso, aunque menos sorprendente si tenemos en cuenta que su autor es Gonzalo Torrente Ballester. Compendio de su Panorama de la Literatura española contemporánea, el libro primero hace pensar en el altísimo nivel de la educación del momento (seguramente un espejismo más allá de comparaciones embarazosas), pero enseguida da paso a una valoración autónoma.

A pesar de lo que digan algunos autores que no parecen reflexionar mucho en sus planteamientos (mejor pensar eso que desacreditarlos por su falta de conocimiento), lo cierto es que nadie mejor que un escritor para ejercer crítica literaria, y sin duda Torrente Ballester está entre los autores españoles mejor dotados para realizar una síntesis clara (no por ello ajena a los matices), concisa (a la vez que de gran amplitud) y penetrante (aunque apta para todos los públicos) de la literatura española desde el Romanticismo hasta principios de los años 60.




Pese al tiempo discurrido desde su publicación, el estudio de Torrente Ballester sigue manteniendo vigencia, y en muy pocos casos sus juicios han sido desacreditados. El vastísimo conocimiento del autor solo se ve superado por su aguda capacidad de análisis. La profundidad de sus comentarios (siempre limitada dada la extensión del libro) es a menudo deslumbrante en su capacidad para extraer lo esencial de cada movimiento y autor, mientras que el conjunto ofrece una visión que sin caer en el esquematismo facilita una comprensión histórica de cada movimiento literario.

Hasta tal punto fue acertada la elaboración de Torrente Ballester que hoy en día se puede leer esta Literatura española contemporánea como un canon de las letras nacionales, manteniéndose su jerarquía, su interpretación y sus valores. Especialmente pertinente es su perspicacia a la hora de desvelar los secretos de los poetas, pero también demuestra un juicio ponderado y formado acerca de ensayos, teatro o novela. Eso sí, por motivos obvios falta un comentario de uno de los grandes novelistas españoles contemporáneos: el propio Torrente Ballester.

Editorial Guadarrama

jueves, 13 de marzo de 2014

Historia de Roma, de Indro Montanelli


Indro Montanelli es ampliamente reconocido como uno de los grandes periodistas del siglo XX. Su trabajo como corresponsal de guerra, reportero de los más diversos temas y cronista privilegiado de la vida italiana, le han granjeado un prestigio a prueba de bombas. Sin embargo, estos créditos no hacen sus libros de historia más fiables, por el contrario, habrá mucha gente que pensará que se metió en terreno ajeno, que no le pertenecía a él entrometerse en un espacio tan reglamentado como el de la Historia. Pero él mismo confesaba que no trataba de escribir estudios originales, ni mucho menos definitivos. En Historia de Roma trata de compendiar en un volumen accesible la fascinante historia de Roma con gran capacidad de síntesis, un envidiable sentido de la narración y un gran humor (precisamente una de las características que más echaba en falta en los antiguos romanos).




Al hablar de Tácito, Montanelli dice que hubiera sido mucho mejor historiador si en lugar de dejarse llevar por sus simpatías o antipatías personales se hubiera atenido más a los hechos. Pero que, después de todo, tampoco deberíamos ser muy estrictos con él, pues se trata de un excelente escritor. Algo parecido se puede decir del propio Montanelli, quien nunca oculta de qué lado está: por ejemplo, tiene una gran inclinación por Julio César, o una mirada claramente cristiana, lo que le sitúa en las antípodas de Gibbon a la hora de analizar el declive del Imperio. Pero podemos dejar aparte sus veleidades y gozar de su talento como contador de historias, más que de Historia.

Un historiador no profesional suele centrarse en el recuento de grandes sucesos y la repetición de nombres importantes. Montanelli demuestra que es algo más que un aficionado al incluir en su libro aspectos que van más allá de la colección de fechas y reyes, con capítulos enteros dedicados a la sociedad, la economía o la cultura. Sin perder de vista este apartado informativo, Montanelli tampoco pierde de vista otra de sus intenciones fundamentales: la de entretener. A través de numerosas anécdotas y de opiniones propias que deja deslizar a la mínima, mantiene tanto el interés del lector como su buen humor.

Editorial Random House Mondadori
Traducción de Domingo Pruna

viernes, 10 de enero de 2014

Correr, de Jean Echenoz



¿Por qué Jean Echenoz no ha entrado en la categoría de los autores más leídos del mundo? Escribe con una sencillez solo al alcance de los escritores más talentosos; sus novelas se leen con total fluidez, son tan cortas que se pueden terminar en un par de horas; la narración es impecable y su sentido del humor ligero; tiene un estilo elegante y sus historias siempre son atractivas. Así que la única respuesta que se nos ocurre es bien triste: es demasiado bueno.

Correr es un caso ejemplar. Tiene como protagonista a Emil Zápotek, uno de los grandes atletas del siglo XX, que además vivió en una época convulsa. Para que le hagan un biopic. Echenoz narra su historia con maestría, con una capacidad para la síntesis y la creación de escenas impecable. Sin entrar en psicologismos, acabamos por conocer a Emil mejor de lo que muchos habrían podido transmitir en 500 páginas de meticulosidad vana.

Y es que, para nosotros, Echenoz esclarece el camino que sigue gran parte de la mejor literatura actual, la que sobre todo en Francia ha abierto nuevas posibilidades de creatividad y que es absolutamente contemporánea. Sin alardes estilísticos, sin la pesadez de los escritores que ambiciones desproporcionadas, Echenoz nos demuestra que una narrativa que combina calidad y entretenimiento es posible.

Editorial Anagrama
Traducción de Javier Albiñana