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viernes, 11 de septiembre de 2015

Tantos días felices, de Laurie Colwin


Tantos días felices parece un libro escrito a la contra. Para empezar, Laurie Colwin se sitúa del lado de los personajes masculinos para retratar su desconcierto ante las mujeres. Y no se trata tanto de la liberación de los 70 como del contraste entre la imagen idílica que estos hombres se han hecho de la mujer, así, en abstracto, como del verdadero choque que supone para ellos enredarse con mujeres de carne y hueso que son perfectas, pero tan complicadas...

Porque Guido y Vincent son personas normales. Ricos y exitosos, pero estrictamente convencionales en sus ambiciones y sus actitudes. Pero Holly y Misty son otro cantar. Holly es impecable desde cualquier punto de vista, ya sea su peinado o sus modales, pero fría e impenetrable. Misty por su parte es independiente,  iracunda e incapaz de mostrar sus sentimientos. Efectivamente, como si fueran hombres. Los papeles se han cambiado y nadie tiene muy claro cómo reaccionar.




Pero este nuevo reparto de los roles personales (todavía no de los sociales) no es la única bomba que coloca Colwin en su novela. Atacando el nuevo convencionalismo que suponía la ruptura de las reglas, Colwin apuesta por un desconcertante romanticismo, todavía más revolucionario por su sencillez y sinceridad. Y por si fuera poco, Colwin se atreve a ser optimista, toda una declaración de intenciones frente a la literatura seria y respetable.

Lo cierto es que Colwin tuvo el valor de escribir un libro ligero y feliz sin necesidad de pedir perdón por ello ni de evocar grandes figuras protectoras. Sus personajes pueden ser complejos y contradictorios sin necesidad de ser retorcidos, y su humor puede impregnar cada página sin hacerse notar. Las cosas están cambiando, pero no dejemos que los que no se enteran de nada lo arruinen todo.

Editorial Libros del Asteroide

Traducción de Marta Alcaraz

lunes, 26 de enero de 2015

Mi impresionante carrera, de Miles Franklin


Quizá sería mejor leer Mi impresionante carrera sin saber nada de su autora, no tanto por la sorpresa que supondría descubrir que fue escrita por una adolescente, sino para evitar prejuicios y condescendencias. Pero, en cualquier caso, aún sabiendo de la precocidad de Miles Franklin, es inevitable no recelar en algún momento de la veracidad de la historia, pues aunque Mi impresionante carrera tiene toda la espontaneidad y el espíritu libre que se espera de una autora tan joven, también tiene la perspicacia y el fino análisis de la realidad que se esperaría de alguien mucho más maduro.

El inicio de la historia nos sitúa en esos paisajes evocadores que, a la manera de W. H. Hudson en Allá lejos y tiempo atrás, rememoran una infancia asilvestrada en territorios casi inexplorados. Pero si en la literatura estás invocaciones suelen ser elaboradas y poéticas (por lo tanto, embellecidas), en el caso de Franklin, que retrata sus vivencias de apenas unos años atrás, su visión es mucho menos lírica (aunque incluye descripciones de las grandes extensiones australianas de una gran belleza) y más directa: para ella las cosas todavía no son tan bonitas como la pérdida de memoria nos hará creer.




La originalidad del libro de Franklin se construye sobre las bases de la tradición más trillada. Porque en Mi impresionante carrera no falta ni la historia de amor imposible (con patito feo incluido), ni el extraño alto y moreno, ni tan siquiera la herencia salvadora. Pero es como si Franklin simplemente plantear estos tópicos para después dinamitarlos. En una lucha constante con el lector, que espero que tanto la autora como la protagonista acaben cediendo y se rindan a la convención, al final siempre acaba por imponerse.

Porque lo más atractivo del libro es el espíritu independiente y casi salvaje de Sybylla, su protagonista. Ahora sabemos que Franklin fue una mujer con las ideas muy claras, inquieta y activista en diversos campos. Pero esto sería fácil de intuir tan solo fijándonos en las características de Sybilla, esa muchacha menor de edad, vista por quienes la rodean como una marimacho pero capaz de luchar contra las imposiciones que cree injustas, rebelde ante las convenciones sociales, tenaz y decidida. Y que encima tenía un don natural para escribir.

Editorial Alba
Traducción de Amado Diéguez y Concha Cardeñoso Sáenz de Miera