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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Historia social del conocimiento, de Peter Burke


En tiempos del big data, cuando la información se ha convertido en apariencia en el producto más deseado, un bien mercantil valioso en sí mismo y que pone en cuestión temas como el derecho a la privacidad y es capaz de provocar guerras (o al menos decantarlas), un libro como Historia social del conocimiento demuestra que la importancia de la información viene de lejos y que la lucha por poseerla y controlarla ha marcado en gran medida la historia de los últimos siglos.

En este primer volumen sobre la historia del conocimiento Peter Burke se centra en la época que arranca con Gutenberg y llega hasta la publicación de la Encyclopédie, es decir, la Edad Moderna. Con la invención de la imprenta, la información, hasta entonces limitada y restringida, sufre una explosión que cambiará la faz de la tierra (Burke, al contrario de lo que suele ser habitual, deja atrás el etnocentrismo y también dedica parte de su estudio al mundo islámico y al lejano oriente).




El estudio de Burke, que consigue esa alquimia tan anhelada de combinar erudición histórica y divulgación, abarca en un libro relativamente breve cuestiones tan variadas como la geografía de la información, la clasificación del conocimiento, las formas de adquirirlo o el nacimiento de la incredulidad. Además, el libro está repleto de citas memorable y de anécdotas que van desde la descripción del libro más largo del que se tiene conocimiento (750.000 páginas) hasta la historia de las notas a pie de página.

Pero este apartado instructivo y a la vez entretenido es solo la superficie de un pensamiento profundo. Apoyado en las teorías de Foucault y entendiendo la Historia como un saber multidisciplinar, Burke alcanza una comprensión amplia y matizada sobre la importancia de la información. Como decía el muy citado en el libro Francis Bacon, saber es poder. Pero, para empezar, deberemos saber por qué.

Editorial Paidós

Traducción de Isidro Arias

viernes, 29 de mayo de 2015

Shakespeare nuestro contemporáneo, de Jan Kott


Se ha escrito tanto sobre Shakespeare que una mera enumeración bibliográfica de los libros dedicados a él ocuparía varios listines telefónicos, pero Shakespeare nuestro contemporáneo, el estudio publicado por Jan Kott a mediados de los 60 permanece como un referente imbatible. Si el propósito principal de Kott fue perfilar el lado más humano de la obra del dramaturgo, su aproximación es igualmente cercana, lejos de la erudición exhibicionista. El teatro de Shakespeare está repleto de magia, abierto a visiones contradictorias, es de tal riqueza que su comprensión nunca será completa, pero Kott sabe dónde situar su foco.

El autor polaco no tiene reparos a la hora de calificar de tonterías infantiles las interpretaciones que más rebuscadas sobre la obra de Shakespeare (y eso que no se detiene ni un segundo en las todavía más peregrinas teorías sobre su verdadera identidad), pero su propia perspectiva no se queda en lo superficial, sino que desentraña los temas principales de la obra de Shakespeare para darles una visión actual y permanente, ya que en su teatro Shakespeare colocó al ser humano en el centro de sus preocupaciones, lo que convierte sus textos en atemporales, válidos para que cualquier época se apropie de ellos.

Para Kott Shakespeare es claramente un hombre del Renacimiento, un humanista aterrorizado por la crueldad de la Historia y expectante frente a los cambios radicales que vivía su tiempo. Pero la misma inquietud y perplejidad es válida para cualquier momento histórico. Sin embargo, Shakespeare supuso el paso de una concepción de la tragedia como una fuerza más poderosa que la voluntad a la idea de que el hombre es responsable de sus actos. A través de la ironía, de lo grotesco, de la melancolía, Shakespeare introdujo la vida en la representación.




En Shakespeare nuestro contemporáneo Kott analiza el teatro histórico del autor a través de su saga sobre la Guerra de las dos rosas y nos descubre un Ricardo III mucho más complejo de lo que la habitual caricatura ha hecho de él; trae a la tierra a un Hamlet que no es un símbolo de nada, sino un hombre en medio del desastre; establece paralelismos entre El Rey Lear y el teatro contemporáneo de Samuel Beckett; entra en la isla de Próspero para acabar con falsos ídolos y desvelar el verdadero alcance de la obra; descubre a Peter Brook como el gran renovador del teatro shakeperiano a través de su regreso a los orígenes...

Pero quizá lo más deslumbrante de todo su estudio es el análisis que hace de Coriolano, la obra maestra más relegada del autor. Coriolano es un texto tan ambiguo, tan contradictorio y desafiante, que pocos se han atrevido con él. Pero Kott sabe captar su profundidad, el reto que supone asumir el cortocircuito moral que plantea. Se dice que hay un Shakespeare para cada persona, pero en el caso de Coriolano el lector-espectador tiene que enfrentarse a la incomodidad que provoca una propuesta radical que hace saltar por los aires muchas de sus convicciones. Gracias a Kott, podemos comprender un poco mejor este desolador panorama.

Editorial Julliard
Traducción al francés de Anna Pozner
Edición en castellano en Alba


miércoles, 9 de abril de 2014

La gente corriente de Irlanda, de Flann O'Brien


Hay una línea de sombra en la que el costumbrismo se trasforma en surrealismo casi sin que nos demos cuenta. Y es que la gente es muy rara. Por ejemplo, los irlandeses. Todos tenemos una imagen precisa de los habitantes de la Isla Verde (por usar uno de esos clichés a los que tanto juego sacaba Flann O'Brien): son borrachuzos y siempre están en busca de gresca. También resulta que tienen un talento en apariencia innato para escribir. Como los leoneses.

Gracias a la editorial Nórdica hemos podido descubrir a un autor que, de tan irlandés, es completamente diferente a cualquier otro. En La gente corriente de Irlanda podemos comprobar que es tan divertido que se sitúa al borde de la locura; tan erudito que transforma la cotidianidad en epopeya (sí, como otro ilustre autor irlandés); con tan buen oído que hasta en la fantástica versión española de Antonio Rivero Taravillo podemos recoger los ecos de la forma de hablar común, que no literaria, de sus compatriotas.




La gente es una recopilación de los mejores artículos que escribió bajo el pseudónimo (otro, pues su verdadero nombre era Brian O'Nolan) de Myles na gCopaleen. Y no deja de ser curioso que pese a que los textos aquí recogidos sean de la primera mitad de los años 40, apenas haya referencias a la II Guerra Mundial (y las que hay son bromas). No se trata de aislacionismo ni de ser ajeno a la realidad, es que los irlandeses ya tienen mucho con lo suyo.

Es en esa parcela donde vida cotidiana y absurdo se mezclan donde O'Brien se siente más cómodo y donde el lector va de carcajada en sobresalto. Pese a la diferencia de latitudes y los años pasados, muchos de los tipos retratados por O'Brien siguen siendo reconocibles (al igual que sus clichés, que son inmortales). Al leer estos artículos no sabremos más sobre la época en la que fueron escritos, pero solo porque son atemporales.

Editorial Nórdica
Traducción de Antonio Rivero Taravillo


martes, 4 de marzo de 2014

Alucinaciones, de Oliver Sacks


Al leer los libros de Oliver Sacks se tiene la sensación de que la “normalidad” (ya para siempre entre comillas) es algo bastante raro. No solo es que haya tal cantidad de peculiaridades mentales que parecen afectar a todo el mundo, sino que al detallar estas patologías el lector siente que, en mayor o menor medida, puede sufrir una variada gama de dolencias. Es el típico síntoma hipocondríaco que afecta a la revisión de cualquier lista de enfermedades, pero también es algo más, es la confirmación de que esa “normalidad” no existe.

Sacks se ha ocupado en otros libros de diversos temas relacionados con la neurología, siempre desde una perspectiva personal, ya sea como médico o como paciente él mismo. Que sus libros sean ampliamente conocidos se debe en parte a su capacidad para plantear las enfermedades como historias humanas, y no como casos clínicos analizados fríamente. Se nota que lo que cuenta le importa, y el lector se ve contagiado por esa misma afinidad.




En Alucinaciones, Sacks repasa un amplio muestrario de “apariciones” mentales que van desde las visiones de los ciegos y los sonidos que oyen los sordos, hasta vivencias provocadas por el consumo de drogas o experiencias tan extendidas como las migrañas o la parálisis nocturna por no hablar de las extrañas y a veces surrealistas situaciones que se dan en los casos más extremos. Como es costumbre en Sacks, cada historia está tratada con delicadeza, erudición y sentido del humor. El impacto que provocan algunos de los casos tiene su contrapeso en la sensibilidad del autor.

Una de las cosas más insoportables de las novelas es cuando un personaje cuenta un sueño, quizá porque sea demasiado redundante. En el caso de Alucinaciones, por las similitudes entre estas experiencias y los sueños, a veces se tiene la sensación de estar leyendo un catálogo de sueños, y sin embargo no se produce este rechazo. La creatividad de las alucinaciones, su diversidad y, por paradójico que pueda parecer, su realismo, hacen que la lectura sea en todo momento atenta e instructiva.


Editorial Anagrama
Traducción de Damián Alou

martes, 25 de febrero de 2014

Lo que sé de los vampiros, de Francisco Casavella


Es difícil encontrar una novela contemporánea que no tenga miedo a contar una historia (y nada más) (y nada menos). Por eso el lector de Lo que sé de los vampiros se sorprende (primero) y se entusiasma (enseguida) nada más iniciar su lectura. Francisco Casavella afrontó la tarea de escribir una novela “como las de siempre” sin temor a parecer desfasado. Pero es que disponía de las mejores armas: un talento literario de primer orden que le permitía desplegar sus habilidades narrativas a lo largo de más de 550 páginas, en las que la erudición se mezcla con la ligereza y el saber histórico con el enredo argumental.

En Lo que sé de los vampiros entramos en batalla durante la Guerra de los Siete Años, partimos junto a los jesuitas tras su expulsión de España camino de Roma, recorremos Europa y tras detenernos en Dinamarca, acabaremos en el París revolucionario. El viaje no se acaba aquí, pero no desvelaremos cuál es la siguiente parada. También conoceremos a algunos de los personajes más importantes o excéntricos de la época, entre ellos a Federico el Grande, el conde de Saint Germain o Mirabeau.




Pero Casavella no construye una novela épica, una sucesión de grandes momentos, sino que prefiere detenerse en la pequeña historia. El ambiente es convulso, estamos ante el paso de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea, en medio de la lucha entre el antiguo despotismo y una nueva era iluminada por las luces de la Ilustración. En este periodo de mudanzas, Martín de Viloalle será expulsado una y otra vez de cada lugar que visite, y con él asistiremos como espectadores privilegiados, pero no como protagonistas, a este cambio permanente de paradigmas.

Como decíamos, en esta novela Casavella no pretende dibujar un panorama grandilocuente, sino que mantiene en todo momento un humor desacralizador, una visión irónica de personajes y acontecimientos. En algunos momentos incluso se permite bordear el folletín. Al fin y al cabo, la trama de la novela se puede leer como un baile de mascaras en el que las personalidades son difusas, los destinos inciertos y los vampiros, por muy presentes que estén, nunca llegan a desvelar su misterio.

Editorial Destino


viernes, 20 de diciembre de 2013

Cuento de cuentos, de Néstor Luján


Néstor Luján parece una de esas personas que saben de todo, y que todo lo saben contar de maravilla. Aunque quizá sea más conocido por su enciclopedismo gastronómico, a lo largo de su carrera probó todos los géneros con una maestría indiscutible. Así que no es de extrañar que le saliera tan bien Cuento de cuentos, un compendio entre etimológico y folclórico sobre el origen de palabras, frases y expresiones.




Escrito con gracia y elegancia, en Cuento de cuentos podemos descubrir que ni Napoleón dijo aquello de “cuarenta siglos os contemplan”, ni las últimas palabras de Goethe fueron “Luz, más luz” (sino “dame la patita”). También descubriremos el origen de frases en apariencia sin sentido como “buscar tres pies al gato” (que en origen eran cinco) o la procedencia del “negro” literario. Además, también descubriremos la fuente de algunos refranes que han hecho fortuna, como el “nunca segundas partes fueron buenas”, que no pudo ser más inoportuno, pues apareció nada menos que en la segunda parte del Don Quijote.

Cuento de cuentos, en el que Luján espiga anécdotas de los más variados libros, mostrando una erudición apabullante (“esto lo leí en unas memorias no editadas de un médico francés del siglo XVI”), pero sin mostrar el más mínimo signo de pedantería, se lee con regocijo y es un excelente vivero para conversaciones sociales. ¿A que no sabes de dónde viene lo de “pelar la pava”?


Editorial Folio