martes, 1 de abril de 2014

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, de Néstor Luján



Si se repasa la bibliografía de Néstor Luján, pueden dar ganas de sumergirse en ella y no abandonarle hasta haber completado una lectura exhaustiva. No solo es imprescindible para cualquier aficionado a la gastronomía o la tauromaquia, sino que en su obra abundan títulos dedicados a la etimología, la historia o las costumbres. Además, su escritura es ágil, erudita y accesible, por lo que una vez iniciado el proyecto, será difícil abandonarlo a medias.

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español se ha convertido en un referente para acceder a un periodo apasionante y, de tan rico, en apariencia inabarcable. El libro de Luján no es para especialistas ni se pierde en discusiones bizantinas, es una puerta abierta para conocer curiosidades, modas (“quien no ve en la moda más que la moda es irremediablemente estúpido”) y formas de vida a veces de apariencia excéntrica, a veces plenamente contemporáneas.

Se trata pues de un libro que además de por sus propios valores también sirve para comprender mejor la literatura del periodo más brillante de las letras españolas. El lector de La vida cotidiana aprende algo en cada página (al azar, ¿en qué consistían los juegos de cañas?), descubre o recupera textos de los más grandes autores de la época, cuyos textos ahora cobran plenos significado, y se divierte a cada paso con la ingeniosidad del muy creativo barroco español y la facilidad de Luján para transmitir el espíritu de aquella época.

Editorial Planeta


lunes, 31 de marzo de 2014

El amor de Mitia, de Iván Bunin


Pese a ser el primer escritor ruso en ganar el Nobel, Iván Bunin no ha entrado en el canon de los autores imprescindibles, y ni tan siquiera es demasiado conocido. Para ello sería necesario en primer lugar que su obra fuera ampliamente difundida, requisito que de momento no se ha cumplido. Con El amor de Mitia y otros relatos podemos empezar a conocer a un autor singular y que a la vez nos es muy familiar.

Todos los cuentos reunidos en El amor de Mitia, excepto el primero, son posteriores a la Revolución de octubre, y sin embargo en la mayoría de ellos es como si nada hubiera pasado. Seguimos en el mismo mundo de Chéjov, o incluso de Turguénev, con estudiantes torturados, criadas melancólicas y finales siempre trágicos. El mundo de Bunin parece una ensoñación, el reflejo de un pasado quizá más literario que real.




De hecho, todos los relatos mantienen la misma estructura y similar desenlace. Parece que Bunin tenía fijación con una experiencia, un amor fugaz que sin embargo marca una vida entera, y compuso una serie de variaciones mínimas explotando esta situación. La escritura de Bunin es sensorial, a menudo sensual, repleta de descripciones y con un colorido que hace cada cuento, dentro de su formulación fija, una experiencia diferente.

Si la historia que da título a la selección es una novela corta, los demás relatos son muy breves, algunos de ellos casi esbozos. No hay intriga ni apenas desarrollo, lo importante es la recreación de ambientes y su correlación en los ánimos, al más puro estilo romántico. Son como historias contadas al final de una cena, evocaciones sobre el fulgor del amor y sobre las cenizas que este deja cuando se apaga.

Editorial Pre-Textos
Traducción de Víctor Gallego Ballesteros

viernes, 28 de marzo de 2014

Allá lejos y tiempo atrás. de W. H. Hudson


El hecho de que el paraíso se puede encontrar en cualquier sitio lo demuestra William Henry Hudson al tener su rincón edénico particular en un lugar tan improbable como la Argentina inmediatamente posterior a la Independencia. Para este muchacho de procedencia gringa y crecido en la pampa, nada significaban las luchas de poder y las interminables guerras: el descubrimiento de la naturaleza, el éxtasis ante la primera flor de la primavera, la observación fascinada de los pájaros eran suficientes para completar su felicidad.

No deja de ser clarificador que el adjetivo “bucólico” ya no pueda ser pronunciado sin una connotación irónica. Si la poesía de este género parece tan pasada de moda como cursi, la simple evocación de la naturaleza como un lugar ideal y propicio a las maravillas provoca alzamiento generalizado de cejas y sonrisas de superioridad. Sin embargo, hace un siglo Hudson podía escribir un libro como Allá lejos y tiempo atrás sin que nadie le acusara de pomposidad ni de ser un abrazaárboles.




Leído hoy, el libro sigue manteniendo su atractivo. La sinceridad de Hudson y su amor incondicional por la naturaleza, le llegan al lector de una manera sentida y conmovedora. También hay una buena parte del libro dedicada a las aventuras infantiles en un mundo de gauchos; a la descripción de los extravagantes habitantes de un mundo ya lejano (física y temporalmente), que en su pintoresquismo casi parecen inventados; y una especial mirada sobre la propia familia de Hudson, entre los que destacan el retrato de su querida madre, muerta prematuramente, y de su tan admirado como temido hermano mayor.

Pero sin duda lo más poderoso de la escritura de Hudson esta en esos pasajes dedicados a su afición infantil, que más tarde se convertiría en su modo de vida: la observación de la vida en estado salvaje. Para él cada nueva especie de pájaro, cada serpiente, cada árbol es un deslumbramiento, casi un milagro. Si a esa edad su mayor preocupación era convertirse en un inútil, un embobado sin futuro, cuando escribió Allá lejos ya cercano a los 80 años, confesaba que esta facultad suya para apreciar los dones de la naturaleza le habían servido para apreciar la vida en lo que vale.

Editorial Acantilado
Traducción de Miguel Temprano García

jueves, 27 de marzo de 2014

Ciudad del Sol, de David Levien


Entre las múltiples categorías en la que se puede dividir el género policíaco, una de las más evidentes es la que se produce entre las novelas en las que lo más importante es el ambiente, el carácter de los personajes, la frase lapidaria, en fin, el estilo, y que suele ir asociada a la novela negra americana; y por otra parte los libros que se centran en el argumento, el caso en sí, y en los que un detective sigue un proceso cartesiano hasta alcanzar la resolución del misterio. Esta técnica es la usada tradicionalmente en los libros de detectives británicos.

Lo sorprendente en Ciudad del Sol, y ya parecía casi imposible sorprenderse en un género tan poblado como el negro, es que David Levien combina ambas aproximaciones. Por una parte tenemos esa descripción descarnada y hasta cruel de un mundo oscuro en el que impera el mal. Los personajes son implacables, las situaciones duras casi hasta la náusea y el estilo de Levien seco y sin concesiones. Pero la estructura de la novela sigue la guía de la buena construcción detectivesca: cada paso que da Behr, el investigador protagonista, tiene una lógica a prueba de bombas. Se podría dibujar un diagrama con la evolución del caso que desvelaría una precisión matemática.




Por lo demás, Levien sacia de sobra las demandas de cualquier aficionado del género: hay tipos buenos y malos y líneas de sombra; violencia muy explícita y horror soslayado; personajes principales de gran entereza y secundarios que dan sabor; una narración vertiginosa, acción a cada paso y un misterio que mantiene su poder de atracción hasta el final. También hay un sentido de la justicia que convierte a Behr en un detective modélico.

Quizá en la parte final, cuando la historia se traslada a México, los arquetipos pueden ser algo molestos, pero en cualquier caso Levien no cae en el ridículo de la parodia involuntaria. El frenesí en el que se ve envuelta la narración en todo este tramo final es suficiente para enrolar al lector en una acción sin pausa en la que el detective racional da paso al ser más violento. Aquí se acabaron las sutilezas y las deducciones: llega la hora de resolver el caso por las bravas.

Editorial Roja & Negra
Traducción de Óscar Palmer Yáñez

martes, 25 de marzo de 2014

Una educación libertina, de Jean-Baptiste Del Amo


Muchos aficionados románticos a los libros (como objeto) proclaman que uno de sus encantos es su olor, ese aroma característico y variado que va desde el evocador perfume de los libros viejos al vigorizante estímulo que producen los volúmenes recién salidos de la imprenta. Lo cierto es que Una educación libertina también tiene un olor propio, pero no es tan sublime. Es el olor de la pestilencia, de la podredumbre, de la decadencia. De hecho, la palabra más utilizada por Jean-Baptiste Del Amo es “puant”, apestoso. Por algo será.

Porque da igual que el libro esté ambientado en el París en apariencia luminoso del siglo XVIII. Todo lo que describe Del Amo, desde la llegada de Gaspard, el protagonista, a ese submundo apretado, sudoroso y demacrado de los bajos fondos, hasta su ascenso a los más encopetados ambientes de la nobleza, esta teñido por la hipocresía, la traición y la degeneración. Sí, Una educación libertina es un libro moralista, y Del Amo no lo oculta. Pero tampoco se deja llevar por el sermón o la superioridad: solo a base de descripciones, de observación de comportamientos, el autor transmite al lector su visión de este mundo a punto de desaparecer.




A pesar de que la acción de la novela transcurra a mediados del siglo XVIII, más que el marqués de Sade, obvia referencia, los libros licenciosos de la época o la labor de los enciclopedistas, los trazos más perceptibles en la narración de Del Amo son los grandes autores franceses del XIX. Imposible no acordarse del Julien Sorel de Rojo y Negro al seguir las peripecias del provinciano Gaspard en su arribista trayectoria en la capital; también parece clara la huella de Zola en esa descripción del París más enfangado y convertido casi en un animal desfalleciente; o invocar a Balzac y esos personajes que se presentan llenos de ambiciones para acabar derrotados por la desilusión.

La escritura de del Amo es enfebrecida, está contagiada por la peste que describe y contagia al lector del mismo sentimiento de desagrado. Pero, al mismo tiempo, esta morbosidad hace imposible abandonar la lectura. Sin ninguna simpatía por sus personajes, con una repulsión física, casi podríamos acusar de perversión al mismo del Amo por su talento a la hora de seducir al lector y sumergirlo en la bajeza, sin redención.

Editorial Folio
Edición en castellano en Cabaret Voltaire

viernes, 21 de marzo de 2014

Justicia, de Friedrich Dürrenmatt


El tópico manda que al hablar de Suiza se acople el adjetivo de “civilizada”, aunque en muchas ocasiones solo sea para inmediatamente contradecir tal apreciación. En Justicia esta dualidad entre apariencia idílica y trasfondo turbio está presente desde su mismo planteamiento: un asesinato cometido con la mayor pulcritud. Sí, se trata de matar a una persona, pero todo se hace con educación y sin perder los modales. Muy civilizado.

Las obras policíacas de Friedrich Dürrenmatt siempre son muy peculiares, y Justicia es de las más enrevesadas. Y eso que la trama es clarísima, no hay duda sobre quién ha cometido el crimen. Otra cosa es la verdad. En un planteamiento puramente teórico, aunque todo el mundo sepa quién es el culpable, si se decide obviar este pequeño detalle, todas las pruebas pueden llevarnos por un camino totalmente diferente. Y esta será la decisión que tome el protagonista de Justicia. Una decisión venal, pero que tendrá consecuencias morales.




En Justicia tenemos a un asesino que a la postre será declarado inocente (esto lo sabemos desde el principio), un investigador que no quiere completar su tarea y que se comprometerá a desmontar sus conclusiones, una mujer que no es la mujer que dice ser... Y por si todo esto no fuera suficientemente complicado, también tendremos una coda en la que la partida de billar, en la que unas bolas se van chocando con otras con una precisión matemática, tendrá una última carambola que nos llevará a la conclusión más perturbadora: una cosa es lo que ha pasado y otra totalmente diferente lo que podemos llegar a saber.

Pero Justicia no es una novela especulativa o meramente abstracta. También es una historia detectivesca perfectamente construida. Su narración en primera persona añade incógnitas a un relato ya de por sí lo suficientemente enrevesado para sugerir mil interpretaciones. Si en una novela de detectives convencional lo importante es “quién lo ha hecho”, o como mucho “por qué”, en este caso lo que plantea Dürrenmatt es “¿existe la justicia?”

Editorial Tusquets
Traducción de Juan José del Solar

jueves, 20 de marzo de 2014

Roscoe, negocios de amor y guerra, de William Kennedy


Aunque la acción de Roscoe, negocios de amor y guerra se desarrolla a mediados de los años 40 en Albany, la capital del estado de Nueva York, para el lector español su inicio puede parecer puramente costumbrista: un empresario entrega su comisión al representante local del partido, quien lo esconde a buen resguardo de posible investigaciones. El aparato político que describe William Kennedy es sucio, corrupto, depravado. Y todo está narrado con la mayor naturalidad.

Otra referencia clara que le puede venir a la cabeza al lector es Boardwalk Empire. Roscoe parece un reflejo de Nucky Thompson, un político a la sombra que en realidad maneja todos los negocios sucios del partido (en este caso, el Demócrata): prostitución, distribución ilegal de alcohol, apuestas: pocos crímenes le son ajenos. Incluso, como en la serie, su hermano es el jefe de la policía local.




Pero Roscoe no es solo la historia de una maquinaría tan corrupta como eficaz, también es la historia personal y trágica de este hombre que llevado por las circunstancias ha tenido que hacer siempre lo que menos le gustaba, aunque lo ha hecho como todo un profesional. Kennedy tiene un bagaje periodístico (palpable) y una larga carrera como novelista que se manifiesta en un control absoluto de los tiempos narrativos, que se van mezclando con fluidez. También es capaz de convertir a ese ser despreciable y manipulador que es Roscoe en una especie de héroe griego.

Al igual que en Tallo de hierro, también perteneciente a su serie de Albany, Kennedy combina un naturalismo que no se ahorra detalles macabros, con una serie de referencias sobrenaturales en principio desconcertantes, pero que acaban por integrarse con sutileza. Al final lo que queda es una historia de éxito tras éxito hasta el derrumbe postrero.

Editorial Libros del Asteroide
Traducción de Jordi Fibla